Thursday, February 28, 2013

TEDxResistencia (El video)

Aquí está:

"Todos somos sobrevivientes"





Espero que les guste.

Friday, December 21, 2012

40 años atrás



 Un 22 de diciembre, vísperas de Navidad, 40 años atrás salimos de la montaña.

Hace ya mucho tiempo. Lo increíble para mí es que 40 años después, los 16 que salimos de la montaña, estemos vivos, sanos y haciendo una vida normal.

Cómo fue el rescate, qué sentimos en ese momento, ya casi no tiene importancia. Simplemente no recuerdo más que imágenes. El resto fue borrado por el tiempo o es parte de anécdotas.

Ni siquiera soy consiente de las cicatrices dejadas. A veces, me encuentro interrogándome por las heridas. Dónde están? Se deberán cosas que me pasan a los Andes o simplemente al devenir de nuestras vidas? Nunca lo sabré.

Hace tiempo que dejé la soberbia de decir que a mí no me pasó nada. O que no me afectó para nada. Eso ya no lo digo, ya se que una parte mía la pasó muy mal en los Andes y todavía está conmigo. Pero no aparece. Está dormida y abatida por toda la vida que hemos tenido desde entonces.

Pero hoy conmemoramos y celebramos. Más de 120 personas descienden de los sobrevivientes. Ellos no estarían si nosotros no hubiéramos vuelto. Ellos llevan también nuestra montaña. Yo contribuyo con 5, mis 3 hijos, mi nieto Mateo y el que está por llegar. Qué bueno.!

Wednesday, December 12, 2012

La entrevista en Teledoce


La verdad es que pocas veces he ido a Uruguay para hablar de lo que nos sucedió en la montaña. Con motivo de los 40 años del accidente, me invitaron a participar junto con todos mis compañeros de una entrevista colectiva. Allí fuí, a esta altura no me podía negar. Además, días antes 7 de ellos vinieron a Buenos Aires donde ellos hicimos un lindo evento en el Colegio San Pablo.

De la misma manera como me sentí muy cómodo en el San Pablo, esta vez, en Teledoce, no estaba del todo cómodo. Para peor, la entrevista no transcurría como yo pensaba y me empezó a molestar las continuas referencias al tema de la antropofagia.

Finalmente, sucedió lo que a veces sucede. Se me soltó la cadena y dije que me estaba aburriendo y que me quería ir. El conductor del programa no perdió la oportunidad de indagar en mi "aburrimiento". Dije que hacía media hora que estábamos hablando de lo mismo, que me parecía que había otras cosas de qué hablar, de que cuarenta años después, las vidas que habíamos hecho, lo que habíamos construído, nuestra resiliencia, que todo eso, era más fuerte que la antropofagia. En definitiva, la antropofagia era un hecho más de nuestra experiencia, pero no el único.

No me arrepiento. Viendo el video me hace gracia las caras de mis "hermanos de la montaña", muertos de risa ante mi exabrupto. Pero ese soy yo.

Finalmente, hacia el final, volví a decir mis cosas y envié saludos a mi madre. Más tranquilo, pero quizás demasiado serio. Probablemente tengo que sonreír un poco más la próxima vez.

Si lo quieren ver, aquí está http://www.teledoce.com/seguirviviendo. Mi exabrupto está en el minuto 37. La entrevista completa se ve a la derecha, donde dice "Mirá el programa especial".

Sunday, December 9, 2012

TedXResistencia


No quiero dejar de comentar una increíble experiencia: participar en el TedxResistencia.

Me invitó Guido Barossio, a quien conozco desde que jugaba con mis hijos en las calles de mi barrio.

La experiencia fue increíble. Me impresionó la organización, las sesiones de coaching, el entrenamiento, las prácticas. Todo.

En realidad, la gente que nos escuchaba no era lo más importante. Ellos eran parte del medio por el cual el mensaje estaba siendo transmitido a través de la red.

Yo llevé mi propuesta. Iba a hablar del "cambio". De cómo nos resistimos al cambio y cómo nosotros, allí en la montaña tuvimos que cambiar para poder sobrevivir. 

Pero no pude hacer lo que pensaba. Después de un primer intento en un ensayo, las cosas no me salieron bien, no me conectaba con mi mismo. Tuve que abandonar la propuesta inicial e hice lo tradicional, lo seguro, y hablé de la montaña.

Estuvo muy bien y de todas maneras, otro día hablaré del cambio.

Próximamente se podrá ver mi participación en las charlas TED.

Thursday, December 6, 2012

El Futuro del Futuro. Saber o no saber?


Ayer escuché una fantástica conferencia de Santiago Bilinkis. Te puede gustar o no lo que dice, pero lo seguro es que uno no queda indiferente.

Su mirada del futuro, que él dice es hoy, impresiona. Nos dice cómo cambiaremos en 5, 10, 15 años. La tecnología ya está, y en los próximos años nos cambiará mucho.

Ahora, me pregunto, uno puede predecir el futuro? En realidad, Santiago ensaya una contestación y de hecho termina diciendo que si quieres predecir el futuro, debes construírlo.

Es una linda frase, pero que hay que tomarla con cuidado. Yo siempre pensé que no era posible predecir el futuro. El mundo es tan incierto, que por más que nos esforcemos, las fuerzas que andan sueltas por ahí nos golpearán por el lado menos esperado. De alguna manera, la mayoría de los inventos y experimentos que han sido exitosos se han realizado por el azar y las organizaciones exitosas no son lo que sus fundadores pensaron.  Tenemos tantas variables sueltas que lo más que podemos hacer es estar siempre preparados para abrazar el cambio (me gustó esta frase) y si nos sirve, la incorporamos a lo que hacemos. Por otra parte, si miramos para atrás, nadie pudo predecir lo que hoy estamos viviendo.

Lo que rescato es la actitud de no tener miedo a los cambios. Nuestros hijos y nietos serán distintos de nosotros de la misma manera que nosotros somos distintos de nuestros padres y abuelos. Pero cómo, no lo sabemos y poco podemos hacer al respecto, salvo ayudarlos en su educación y crecimiento.

Pero también es cierto que no todos los cambios llegaron para quedarse ni que hay que estar permanentemente actualizados tecnológicamente para  subir la escalera por peldaños y no toda junta.  De hecho,  cuando aparecieron los primeros  teléfonos móviles o mejor, las primeras computadores, era imposible manejarlas, había que ser un experto en cibernética. Recuerdo haber  pensado, esto no es para mí, nunca lo voy a poder manejar. Y no es así, los teléfonos y las computadoras se han hecho más amigables y hoy cualquiera puede manejarlas, navegar y ser digitalmente alfabeto.

De todas maneras, lo que plantea Santiago es para pensarlo dos veces.  Las señales están a la vista, podemos cerrar los ojos y combatir el cambio o podemos adaptarnos y no luchar contra la marea.

Por favor, miren su conferencia en: http://www.youtube.com/watch?v=OKG3qoxYP9s

Monday, October 15, 2012

Reflexiones a los 40 años del accidente de Los Andes


Un día como hoy, hace 40 años, nos estrellamos en un avión cruzando la cordillera de Los Andes. Setenta días después, 16 de los 45 pasajeros salimos de la montaña para el asombro del mundo quien nos había dado por muertos. No había asombro para nosotros, que siempre creímos que íbamos a sobrevivir.

Cuarenta años más tarde, los 16 que escapamos de la montaña, nos encontramos vivos y viviendo una vida normal. Una vida con satisfacciones y también con más montañas. Aquella, la de Los Andes, no fue la única que tuvimos que superar. Después, tuvimos que superar varias más, y cada vez que nos enfrentamos  una nueva, no sabíamos si la superaríamos o no, no sabíamos cuan alta era, solo sabíamos que teníamos que empezar a caminar, de la misma manera como superamos aquella, hace ya 40 años.

Hoy nos queda el recuerdo de nuestros amigos que murieron, que de alguna manera volvieron con nosotros. Ellos, los  que murieron, no eran ni mejores ni peores que nosotros, algunos incluso hicieron enormes contribuciones al grupo mientras estuvieron vivos, pero estaban sentados en el lugar equivocado el día que se estrelló el avión o estaban durmiendo en el lugar equivocado el día que nos cayó el alud. Hoy no podemos hacer otra cosa que agradecer en silencio lo que ellos hicieron al morir, permitiéndonos a nosotros vivir y poder contarlo.


Los 40 años también me hacen reflexionar sobre algunas cosas que hemos aprendido. En ningún caso nos íbamos a salvar solos. Nos salvamos porque trabajamos en equipo, pero ese trabajo en equipo, esa solidaridad, no salió de un plan o de nuestras cabezas, salió de nuestro corazón, del instinto de supervivencia individual de cada uno que quería sobrevivir, pero sabíamos que para sobrevivir, solos no podíamos.

La otra cosa que sabíamos era que para que tuviera sentido todo lo que estaba sucediendo, no teníamos que desfallecer nunca. Teníamos que estar vivos siempre y lo mejor posible.  No nos podíamos morir un poquito. Allí había que estar bien cada instante, lo mejor posible, siempre, para tener una posibilidad de llegar al final de nuestra odisea.

Allí en la montaña en la lucha diaria por la sobrevivencia fuimos encontrando sentido a lo que estábamos haciendo, y eso permitió que nunca nos desorganizamos. Siempre tuvimos una estructura. Sabíamos cual era la tarea, sobrevivir siempre un día más para poder llegar al fin de nuestro viaje. Hemos demostrado que el libro de W. Goldin,  “El Señor de las moscas” está equivocado. Los seres humanos abandonados en una situación límite, no remitimos al salvajismo y a la autodestrucción, todo lo contrario, nos organizamos para sobrevivir.

La increíble caminata de 10 días por la montaña de Roberto y Nando, es un enorme acto de liderazgo. No solo por su contenido heróico y epopéyico.  Sinó porque al salir ellos de caminata nos abandonan, y el grupo tiene que resistir y  hacerse más fuerte. De hecho, mientras ellos caminaron por los Andes, nadie más murió, y los 14 que estábamos vivos cuando ellos salieron a caminar, todavía estábamos vivos cuando finalmente 10 días después fuimos rescatados.

Si de algo somos un ejemplo, es de resiliencia. Claramente hemos sido un grupo resiliente. Y hemos sido resilientes porque allí en la montaña nunca estuvimos solos, siempre había un compañero en el que nos reflejábamos y nos hacía recordar que éramos seres humanos, y porque después cuando regresamos y contamos a los padres de los chicos que murieron cómo nos habíamos alimentado lo único que recibimos fue un aplauso sanador. Nos dijeron que estaba todo bien, que ellos entendían. Si nos hubieran perseguido o acusado de algo, posiblemente nos hubiéramos pasado nuestra vida defendiéndonos de lo indefendible y no podríamos haber hecho la vida normal que hemos hecho hasta ahora.

Por último,  todos los seres humanos somos de alguna manera  sobrevivientes. La relación que tenemos nosotros con nuestra propia experiencia de sobrevivencia, no es distinta de la relación que cada uno tiene con sus propias experiencias de sobrevivencia. A todos nos pasan cosas en la vida, un accidente, una situación límite, solo que la nuestra es más conocida, se han filmado películas, se han escrito libros. Pero ya han pasado muchos años, y los recuerdos ya son borrosos. Sinó, no podríamos haber hecho la vida normal que hemos hecho hasta ahora, con buenos y malos momentos, con éxitos y fracasos, con más montañas y valles. Por eso, si bien aprendimos mucho, también aprendimos poco y haber sobrevivido aquella montaña no es una garantía de nada y al otro día, tuvimos otra que subir, porque así es la vida, andar subiendo montañas, una tras otra.


Friday, May 4, 2012

Human Camp


Hace tiempo que no publico nada. Este video está bueno. También está buena la sesión final del Panel 4 que se puede encontrar en You Tube. Estoy al final. Estoy un poco complicado?
Pedro, qué mal la tos.......
Saludos.

Wednesday, June 15, 2011

Entrevista en Valencia, España


No he escrito mucho ultimamente. De todas maneras, aquí va una entrevista que me hicieron en Valencia, España. Toca algunos de los temas que estoy trabajando en la actualidad. Haciendo clic sobre él, se debería poder leer bien. Suerte!!!





Wednesday, October 13, 2010

Hace 38 años, un 13 de Octubre (*)

Hace 38 años, un 13 de octubre, nos estrellamos en un avión al cruzar la cordillera de los Andes. Este 13 octubre, nos encuentra a la espera de que los 33 mineros salgan de su entierro en el desierto de Atacama.

Nosotros sobrevivimos más de 70 días a cielo abierto, perdidos a más de 3.600 metros de altura, rodeados de rocas, hielo y nieve, de nuestros amigos muertos en el accidente y con los restos del avión siniestrado como único refugio. Cuando salimos, cerca de Navidad, habíamos cambiado, habíamos vivido una experiencia límite. Nuestras familias que nos buscaban, también habían cambiado. Todos tuvimos que ajustarnos.

Los mineros han pasado también casi 70 días, perdidos en el fondo de la montaña, sin poder ver la luz del día. Seguramente lo peor fueron los primeros 18 días en que no sabían si los encontrarían o no, en que es muy probable que se sintieran que estaban solos y en que, como nosotros, debieron racionar sus alimentos sin saber si alcanzarían hasta que los rescataran. Después, una vez establecido el contacto, con el cordón umbilical con el mundo exterior, la espera activa y militante, ocupándose de estar lo mejor posible, haciendo todo lo que debían hacer para mantenerse lúcidos, en control de la situación y preparándose para el rescate.

El aniversario de nuestro accidente nos obliga a mirar para atrás y recordar el espanto de la tragedia y a nuestros amigos que no volvieron. Pero también nos obliga a recordar que han pasado ya 38 años y que los 16 que sobrevivimos la montaña seguimos hoy vivos y sanos y hemos hecho vidas normales, con éxitos y fracasos, con buenos y malos momentos. Porque hemos podido vivir mucho más tiempo después de la montaña. Mirando para atrás, el accidente en Los Andes y la experiencia de sobrevivencia, si bien todavía está en nuestra memoria, ya son imágenes borrosas y relegadas por todas las experiencias que en estos 38 años hemos vivido. Las familias que hemos construido, nuestras esposas a quienes algunos todavía no conocíamos, los hijos que no teníamos, nuestros trabajos posteriores y todo lo que hemos hecho y amado, hace que el accidente en Los Andes visto 38 años después, pase a ser solamente algo más que un incidente en nuestras vidas.

Estoy seguro de que cuando salimos de la montaña, nuestros padres, junto con la enorme emoción de recuperarnos con vida, tenían la gran angustia por lo que nos pasaría después en la vida, qué fantasmas nos perseguirían por la experiencia límite que nos había tocado vivir. Estos temores no se cumplieron y gracias a ellos y a toda la gente que en distintas etapas nos ha dado el cariño y la comprensión, no hemos tenido las pesadillas que algunos preveían.

Espero que dentro de muchos años, los mineros que hoy están saliendo de su agujero, puedan recordar estos momentos con mucha paz y haberlo casi olvidado. Y que puedan recordar sin estremecerse los momentos de angustia en la mina y también los momentos intensos que vivirán próximamente. Los momentos del reencuentro con sus seres queridos, la necesariamente difícil adaptación a vivir nuevamente en familia, la adaptación a ser de golpe personas requeridas por los medios de comunicación y los estudiosos del mundo. Seguramente se harán películas y se escribirán libros, la gente conocerá el nombre de algunos de ellos, los veremos por televisión contando su experiencia, lo que sintieron, lo que hicieron, lo que vivieron.

Pero por suerte, todo eso pasará y tarde o temprano volverán a su rutina, deberán enhebrar nuevamente el hilo y la aguja de la vida normal, en silencio y en soledad, y tendrán la opción de hacer muchas otras cosas, de vivir el resto de sus vidas con mucha intensidad y volver a sus vidas privadas, para que dentro de muchos años, también puedan sentir que el recuerdo de su sobrevivencia en la mina se vuelve borroso y relegado por recuerdos mucho más intensos de todo lo que les faltaba por vivir.


(*) Nota publicada en La Nación On Line del día de hoy.

Sunday, September 5, 2010

Emoción en Chile




Hemos estado en el corazón de la tormenta. Estamos agotados, exhaustos, pero inmensamente felices. El viaje a Chile, la recepción por parte de las autoridades, el viaje a la mina San José, el encuentro con los técnicos encargados del rescate y sobre todo el emocionante encuentro con las familias de los mineros atrapados es sin duda un momento significativo en mi vida.

Tanto Coche, Moncho, Gustavo y yo, hemos entregado todo y hemos recibido todo. Quedamos impresionados por el trabajo técnico que se realiza, tanto por parte de los que perforan la montaña como lo que hacen los muchachos abajo y el manejo y apoyo sicológico a los mineros y sus familias. Realmente se vivía una emoción enorme en el Campamento Esperanza.

Nos encontramos con las familias en medio de un enjambre de periodistas y después tuvimos un encuentro reservado con los familiares de los mineros. Cada uno de nosotros dijo unas palabras. Dimos un mensaje esperanzador. Yo les dije que en realidad los que deberían estar allí eran nuestras madres, nuestras esposas y nuestras familias, que como ellos, nos buscaron sin perder las esperanzas por tanto tiempo. Y que en representación de ellos les dejabamos el abrazo más cálido que le podíamos dar.

Nos cantaron una canción que nos habían preparado como bienvenida y agradecimiento, en la cual hacían alusión a nuestro episodio, con la música de “Se va el caimán”, pero en vez de “irse para Barranquilla”, este caimán se iba para la mina. Cantamos típicas canciones chilenas, bailamos, nos abrazamos y también lloramos. Terminamos con el grito de “Ce hache i…….”, pero que esta vez terminaba con “Uruguayos de Chile!!”

Ellos saben que pese a que están en un momento de gran esperanza, todavía les queda mucho para trabajar, para sacarlos de esa mina y para que sus muchachos vuelvan a vivir una vida normal. También vimos la angustia apenas contenida por la espera interminable, la incertidumbre y la preparación para el encuentro.

Quedamos agotados, llenos de la emoción recibida y entregada, insolados por el sol abrasador del desierto, pero felices por haber llevado un mensaje de esperanza y amor, desde nuestra propia experiencia, desde nuestro testimonio, no desde la teoría, desde nuestras experiencia de vida.

Quedamos a disposición de la “alcaldesa”, de la Sra. Segovia, de la Sra. Barrios, de la hija de Franklin Lobo y su familia, ex jugador de futbol de la selección chilena de fútbol; quedamos a disposición de todas aquellas madres, padres, hermanas y hermanos, tías y abuelas viejitas, de las cuales en el fárrago del momento y la emoción, era imposible retener sus nombres, pero cuyas imágenes de luchadores del desierto nos llevamos grabados en nuestras retinas y nuestra memoria. No se si los volveremos a ver. Solo se que nuestro historia, mi historia, ha quedado metida, en esta historia no terminada, de los mineros atrapados en la montaña.