Sunday, December 14, 2008

Hugo

Hablar sobre la montaña me ha llevado a conocer gente increíble. Uno de ellos es Hugo, quien  ahora vive en Buenos Aires, pero en 1972 era uno de los Navegantes del Fairchild  FH227  N° 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. Hugo hizo el viaje anterior del mismo  avión que se accidentó en los Andes el 13 de octubre de 1972, llevando a un grupo de jubilados a Asunción y a las cataratas del Iguazú. Como él había viajado a Asunción, nuestro viaje le tocó al Navegante Martínez.

Hugo me contó varias cosas. Me contó haber asistido a una reunión con algunos de nuestros padres mientras estábamos desaparecidos y la impresión que se llevó del convencimiento de algunos de esos padres de que nosotros estábamos vivos. Pero también me contó que cuando nosotros aparecimos, “auto-rescatados”, lo que ellos sintieron en la Fuerza Aérea fue vergüenza. Vergüenza por habernos llevado a los Andes, por no haber sido capaces de encontrarnos con vida, por no haber creído que nosotros todavía estábamos vivos.

Me mostró una copia del plan de vuelo y cómo está claro que hubo un error de navegación que llevó al piloto a iniciar el descenso a los 3 minutos de sobrevolar el Paso Planchón, cuando deberían haber pasado 15 minutos entre Planchón y Curicó para cruzar la cordillera y comenzar el descenso.

Me contó también que ha ido tres veces a la montaña y que volverá este año. Fue una obsesión que tuvo durante toda su vida. Quería llegar al lugar donde se accidentó el avión, tocar las chapas del avión y tratar de entender allí qué había pasado, cómo era posible que gente experimentada como eran los pilotos del avión nos llevaran a ese lugar. Tenía esa ilusión, llegar allí, mirar las montañas, tocar las chapas frías del avión y de alguna manera entender lo que había sucedido.

Pero lo ha hecho varias veces y aún no encontró  la respuesta que busca. La montaña guarda sus misterios.  Sin embargo, ha quedado prendado del lugar donde quedaron varios de sus camaradas, por la imponencia del paisaje y por el significado de la epopeya. Y todos los años vuelve, a buscar esa respuesta, a quedar en paz consigo mismo y en paz con sus camaradas que no volvieron y que nos llevaron a ese lugar.

Este año con sus amigos del Grupo Re-Viven volverá a subir a la montaña y buscará la zona donde el avión hizo impacto. Buscará encontrar a más de 4.500 metros de altura las marcas dejadas por el avión cuando tocó las primeras rocas antes de iniciar su caída por el glaciar. Espero que a su vuelta nos cuente más de lo que encontró y sintió en la montaña.

Por otra parte, yo jamás pretendí responsabilizar a nadie por nuestro accidente, ni institucionalmente ni a una persona en particular. Son cosas que pasan, fue un error grave, pero punto, ya pasó y no tiene sentido buscar responsabilidades. Lo de la vergüenza por suerte también pasó.

 

6 comments:

Fabian Ezquerro said...

Que suerte han tenido ambos,tanto Hugo de conocer a Pedro como Pedro de conocer a alguien tan especial como Hugo.felicitaciones por el encuentro y por que cada uno de uds encuentre pueda encontrar algunas de las respuestas que andan buscando

Alejandra said...

¡Qué sorpresa encontrar el nombre de mi amigo Hugo en tu blog! Gracias Pedro, ha sido muy emocionante leer tus comentarios sobre las charlas que han tenido. Hugo es una persona a quien todos queremos mucho en el grupo Re-Viven. Todavía recuerdo cuando me escribió porque quería contactarse con Alejandro Roque, el hijo de quien fuera su gran amigo Carlos Roque. Sentía la gran necesidad de contarle a Alejandro cosas sobre su padre y no sólo pudo hacerlo, sino que también pudo acompañarlo junto a gran parte del grupo Re-Viven hasta la última morada de su papá.
Todo lo que pueda contarnos Hugo enriquece ésta historia de la que todos aprendemos día a día.
Gracias por compartir con nosotros tan emotivos sentimientos.
Un beso
Ale

Ana said...

Gracias Pedro!! que lindo haber leido de nuestro amigo en tu blog! Creo que de alguna manera vos sos parte del rompecabezas de la vida de Hugo y el del tuyo... y esta bueno que se hayan encontrado y mas aun que hayas podido relatarlo asi y compartirlo.
Un saludo muy grande Pedro! Se disfruto mucho!!

Ana

Carlos Andreu said...

Pedro
Te sigo desde España. Me dedico a las conferencias y siempre encuentro en tu blog algo de enseñanza.
Hoy me ha impresionado tu último párrafo. Aquel en el que dices que no responsabilizas a nadie. Hoy que el mundo busca responsables para todo y por todo, tú das una muestra de cordura. Fue una lotería, teníais el número de aquel día, y os toco...
Sigue escribiendo ¿vale?.
Un abrazo y Feliz y Santa Navidad!

Maria said...

Que bien leer sobre Hugo. Solo intercambie con Hugo unos mails y ya me di cuenta que era un "tio grande" como decimos aqui en España.
Dios siempre se encarga de unir a gente parcida.
Un abrazo para ti y otro para Hugo

Martín said...

La verdad es que la aventura y tragedia de Vds. en los Andes ejerció sobre mi un efecto magnético. Leí mucho de lo publicado y si bien no soy piloto, siempre me gustó la aviación, de modo que el accidente me intrigó muchísimo. Por eso leí con mucha atención lo que contás del navegante Hugo. Está comprobado que el pìloto viró hacia el norte 3 minutos después de haber comunicado a Santiago que estaba sobre el paso del Planchón, aunque él mismo había comunicado que esperaba llegar a la vertical de Curicó en 11 minutos. ¿Porqué? Tengo las mismas intrigas que Hugo. Tampoco entiendo porque la torre de Santiago no le pidió que verificara su posición antes de autorizarlo a descender o cuando ya sabía que había descendido hasta 5000 metros... Y mil preguntas más...